jueves, 16 de noviembre de 2017

¡8000 suscriptores! Os cuento mi historia: Una maltratadora me enseñó a amar.

Dicen que allí donde está tu oscuridad está tu luz. Que de aquellas cosas que tenemos que aprender sacamos aquello que aportar al mundo. La mía estaba en la enseñanza. ¡Qué curioso! Siempre decía de jovenzuela que no quería enseñar y fui y me metí en historia, una disciplina por la que no sirves para nada si no transmites lo que sabes. ¿Ironías? Quizás destino.

Cuando llegué a Liverpool, toda llena de sueños e ilusiones, la vida me plantó por delante a una Maestra que me enseñó a través del maltrato psicológico que tenía que dejar de buscar aceptación en el exterior y que debía creer en mí misma. Era una profesora del departamento. Una conocida egiptóloga cuyo nombre no voy a decir en público. Esta mujer me enseñó todas esas cosas sin siquiera imaginárselo. Porque a mí, igual que a otros muchos alumnos, me humillaba, me hacía sentir estúpida, insegura, inútil y vacía. A veces llegó a hacerme pensar que mi sueño era mi maldición. Llegué a tener ataques de ansiedad antes de entrar en sus clases en las que las malas caras y el maltrato psicológico siempre estaban presentes, para empequeñecerme. A otros alumnos los llegó a convencer a través de su actitud de que no llegarían a nada, y por ello se fueron del máster.

Cuando en aquellas tutorías densas y a solas con ella me hacía preguntas, muchas veces el miedo me bloqueaba, me dejaba sin aliento y sin respuestas con sentido. Solo deseaba salir de allí y correr en dirección contraria. Pero fueron aquellas tutorías las que inspiraron mi creatividad para crear mi canal de YouTube. Porque pensé que si hablaba de Egipto ante la cámara, poco a poco me desenvolvería y sería capaz de hablar de Egipto ante los demás, ya fuera aquella profesora, otro profesor o quien quiera.

No os imagináis los dolores de cabeza, migrañas, mareos y noches en vela por el miedo y la angustia de no saber si fracasaría o no, de no entender por qué la vida me ponía en aquella situación, de sentir a Egipto más lejos que nunca cuando se suponía que estaba cumpliendo mi sueño. Pero tras cada ataque de ansiedad estaba la semilla de la felicidad. Porque el único modo de salir de allí fue dándome cuenta de que no necesitamos ídolos, ni figuras de autoridad. De que mi grandeza residía en quien yo era de corazón y no en lo que los demás esperaran de mí.

Ella fue quien entre humillaciones me enseñó en condiciones la gramática egipcia y gracias a aquello, me demostré que podía sacar la asignatura a pesar del miedo. Pero ¡qué bonito! Ella me enseñó como no hay que enseñar, como no hay que vivir, como no se es una egiptóloga feliz. Y de hecho cuando luego la vida me llevó a enseñar, siempre con ella presente, traté de hacerlo desde el respeto, el amor y la pasión por transmitir la belleza del conocimiento a mis alumnos, ya fueran de inglés, de jeroglíficos o de la historia de Egipto. Ella me hundió, pero gracias a lo que aprendí a su lado hoy he visto a muchachos bloqueados con ciertas asignaturas florecer, motivarse y lo que parecía imposible. Los he visto poco a poco enamorándose de la asignatura que les enseñaba.

Ver que alguien, adulto, niño o adolescente se apasiona por el hermoso mundo del aprendizaje y ver como toman confianza en ellos mismos me da la vida. Me hace mejor persona. Es de hecho lo que quiero hacer y por supuesto quiero hacerlo desde aquello que yo más amo, la egiptología.

Si pudiera mostrarle a aquella infeliz y herida mujer lo que ella me hizo ver. Si pudiera mostrarle la grandeza y la luz de enseñar desde el amor y no desde el miedo... creo que ella se transmutaría en un segundo. Un momento bendito de lucidez para su caótica mente.

No le guardo rencor, ni mucho menos. Ahora le agradezco a la vida que la pusiera en mi camino y me hiciera ver mi propósito. Por poder superar mi miedo a hablar comencé mi canal de YouTube, por aquello hoy me escriben a diario en comentarios y mensajes personas de todo el mundo dándome las gracias por enseñar en mis vídeos. Ella casi me hizo odiar lo que más amo, pero el amor ganó la batalla, trascendí aquello y hoy hay personas que se enamoran de Egipto por mis vídeos.

Descubrí mi propósito a través de aquella experiencia traumática. Una maltratadora me enseñó a amar. Porque descubrí que mi amor más que por Egipto es por el intercambio maravilloso que su aprendizaje y enseñanza pueden ocasionar. Hoy hago los vídeos, algunos mejores que otros y por supuesto siempre por mejorar, pero los hago con mi corazón abierto, con mi alma y eso lo aprendí de ella.

Quiero por favor incitar a todos los profesores y maestros, de la asignatura o conocimiento que sea, a que amen lo que hacen, a que amen a sus alumnos. Porque hoy puedo decir que no hay nada más sagrado que compartir el saber desde el amor y el respeto.

Os amo a todos y millones de gracias por ayudarme a trascender mis miedos y alinearme con mi propósito de vida. Ya somos 8000 amantes de Kemet, un número precioso que espero seguirá subiendo. Ahí estaré yo hasta el último instante, compartiendo mi humilde pasión por el antiguo Egipto.


1 comentario:

  1. Laura eres una inspiración... Que bueno que no te rendiste y seguiste con tus sueños. El perdón es liberador y nos abre hermosos caminos.
    Un abrazo

    ResponderEliminar